Una vez un nativo salió de caza al monte, se fue muy lejos y en una quebrada vio a un tigre que caminaba hacia él. El nativo se le enfrentó apuntándole con la flecha con la intención de matarle y el tigre acobardado dio un salto hacia atrás, rugió y huyó, el nativo le siguió, pero no le dio alcance.
Cuando de pronto se dio cuenta de que estaba en medio de una manada de tigres, que enfurecidos trataban de devorarle, vio un hueco en la raíz de un árbol, se metió en él y lo tapó con un tronco.
Los tigres se dispersaron y solo quedó un tigre, el más grande con un tigrillo pequeño.
El tigrillo olió, buscó dentro del hueco en el que estaba el nativo, comenzó a escarbar aullando, el tigre también se acercó al árbol para oler y supo que allí se escondía una persona. El tigre reprendió al tigrillo, diciéndole¿ Porqué sigues a la gente?, ese que está dentro del hueco es mi paisano, déjale.
El tigre era ya una persona que vestía una cushma pintada y le dijo al hombre: Sal del hueco, no te haré nada, pues tu eres hombre como yo. Pero, el hombre no se atrevía a salir, luego llegaron otros cinco tigres más a olfatear a la presa. El tigre se quitó la cushma para que el hombre le observara desde el hueco y viera que era nativo como él y en su presencia amarró al tigrillo y a los otros cinco tigres.
Después escarbó la tierra, quitó el tronco y sacó a la fuerza al hombre, que asustado le observaba.
El tigre dijo al nativo: Yo soy tu paisano , no me tengas miedo. Recibe este “piri piri” que te doy y mañana me esperas en tu casa para salir a pasear contigo. Le prestó también la cushma para que parezca tigre y reciba a los tigres.
El hombre se fue masticando el piri piri a su casa, en el trayecto se encontró con muchos tigres, le respetaban porque notaban que había masticado el piri piri y conversaron con él.Solamente el tigre negro no le habló y se detuvo lejos sentado sobre su rabo, mirando al nativo con ojos de rabia.
Cuando el nativo llegó a su casa , saludó a su mujer, suegro, cuñados y demás paisanos, les dijo sobre las visitas de los tigres que iban a venir al Caserío y les aconsejó que se conservaran a cierta distancia de ellos y no les molestaran para no ser atacados.
El nativo rozó, limpió al lado de su casa, formó una plaza y colocó algunos asientos para que descansaran los tigres cuando fuesen a buscarlos. Hasta que cierto día se aparecieron en la casa del nativo una manada de tigres, venían a vistarle, él les invitó a comer, pero ellos no le aceptaron la comida.
El hombre se extrañó y tuvo miedo y le preguntó al tigre porque aquel desaire. El tigre le contestó: Porque cada cual trae su comida, pero además le dijo:No les invites a comer, porque se comerían a tu mujer.
Efectivamente, esa era la razón, pues el nativo vio que ellos traían carne humana: piernas de gente ahumada, sachavacas, venados, monos. El tigre grande traía además sachapapas para su fiambre. Cada tigre extendió en el suelo el envoltorio de hojas y comieron. Terminada la comida se fueron los tigres, pero regresaron a los tres días, van y vienen cada cierto tiempo.
El nativo llegó a casarse con una tigre hembra que le visitaba y con ella tuvo cinco hijos. Un día esta mujer se llevó al nativo de paseo a su casa, era éste un hueco entre las peñas, allí estuvieron cinco meses, sus hijos ya eran grandes.
Los nativos del caserío estaban nerviosos entre tantos tigres que les visitaban, pensaban en aquellas visitas tan pacíficas habrían de tener mal fin.Por eso decidieron matar al nativo, pues muerto él, se irían los tigres. Así lo acordaron y así lo hicieron.
Unos cazadores envenenaron al nativo y murió.Sus dos mujeres, la nativa y la tigre hembra lo enterraron y a los pies de la tumba se colocó un hijo suyo, a la cabecera otro y encima se echaron las dos mujeres una a cada lado.
Sobre la tumba del nativo cuidarían al difunto y le llorarían eternamente.Lloraban sin consuelo día y noche y cuando llegaron los tigres para hacer su acostumbrada visita, las encontraron todavía llorando.
Ellos también sintieron el dolor del amigo muerto, se juntaron todos y comenzaron a gritar, aullar y llorar la muerte del nativo, pasaba ya una semana y seguían llorando sin consuelo, se juntaba a la pena el hambre y lloraron también de hambre.
La mujer nativa tenía hambre, quiso ir al platanal, pero no se decidía por miedo a tantos tigres hambrientos, pidió garantías para su vida y el tigre grande se las dio. La mujer fue al platanal, comió plátanos, sació el hambre y recuperó las fuerzas perdidas para continuar llorando.
Las demás gentes del caserío, también se habían asustado al ver y oir aquel espectáculo, que también eran víctimas del hambre.
Cuando se cumplió un mes de la muerte del nativo, todos los tigres se fueron a sus guaridas, la mujer tigre y sus hijos también se fueron.
La nativa que había quedado viuda, se quedó en el caserío, allí encontró otro marido, paisano suyo, con él se juntó y vivió feliz y los tigres nunca más se aparecieron por e caserío.
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